martes, 4 de febrero de 2014

"el Cáliz de mi Dios corre por mis venas"























 no-nato

 enfrenté la agresión
 el desprecio
 de aquél que juró
 luchar por la vida

 no-nato

 revestido en amor
 custodiado por la fe
 de los que     me la dieron

 más allá de la ciencia
 mi lucha
 y la de los que me amaban

 las paredes del útero
 mi fortaleza

 placenta nutricia

 el Cáliz de mi Dios corre por mis venas

 y fui yo
 más allá de todo pronóstico

 desde el nido
 aprendí a volar

 un juego la vida
 crecer entre hermanos

 cada vez más alto mi vuelo de águila

 ya hombre elegí
 lo mejor

 somos dos en uno
 en el amor más perfecto
 la alegría en la entrega

 el Cáliz de mi Dios corre por mis venas


                                            
 fotografía "Hielos Patagónicos" de:     José Vega
poema escrrito por encargo de mi hijo Sebastián, de:      Moni Indiveri de Vega
autor de el verso "el Cáliz de mi Dios Corre por mis venas": Sebastián Vega


la delgadez


en la unión de la cabeza y el cuerpo
la delgadez    
vuelve plana la curvatura

todavía no se suelta de su afán
tiende a recuperar la propia dimensión    
cascada de partículas
que alimentan los pulmones

aún sofocada y sin visión no se resiste
no detiene el descenso

flotan círculos, palcos babélicos
lamentos en la saliva espesa
se prolongan
y  tejen lo que atrapa

ni una grieta interrumpe las sombras

fotografía de:    José Vega
poema del libro "Lo/Cura" de:     Moni Indiveri de Vega


lunes, 3 de febrero de 2014

la plenitud me despierta. . .



                    
          “ lluvia sola / en mi silencio de fiebres” 

                                                                                   Alejandra  Pizarnik

perdido el uso de los miembros
también se aquietan   los sentidos
 la plenitud me despierta
dulcemente
y rebalso la atracción que me completa

sólo la lluvia desparrama
mi silencio

la voluntad conducida
abisma el espíritu

 fotografía de:       José Vega
poema de:      Moni Indiveri de Vega

domingo, 2 de febrero de 2014

adonde me vaya



























EL MAR

. . .”tuviste el mar encerrado en una cajita de música”. . .                                                          María Rosa Lojo



     Era verano, reseca la tierra se volvía seda a los pies descalzos. Quiso rozar su textura recostada, mirando las sombras glotonas de espacios vestidos de sol. Persiguió lejanías atrapadas en la rutina. Lo imaginó sosteniendo su aliento con el amor que quedaba en el paréntesis de lo sabido. Era el hombre que amaba, también ahora el padre de sus hijos. Un remolino desplazó el encanto, suave para que no se queme.



dibujar la arena
almidona la piel
la sal            
degusto con la lengua
disfruto su sabor
se desliza
suave          hacia adentro

llega a cada  rinconcito

las células se llevarán su música
el mar          muy lejos
adonde me vaya   
                                    

 fotografía y textos de:   Moni Indiveri de Vega

Una linea cruza el rostro

































María se levanta más temprano que lo habitual. Para poder viajar en el colectivo, no tiene monedas. Sin hacer ruido para no despertar antes a su marido, no prende la luz y se va directamente al baño. Se despereza y abre la canilla. Todavía no se anima a lavarse la cara. El agua está helada. Espera y luego lo hace con pereza. Levanta el rostro para mirarse en el espejo y piensa que no sabe como reunir algo de optimismo para comenzar ese día. Sabe que además del tema de las monedas, viajar al centro se convertirá en una odisea en unas horas más. Escuchó la noche anterior en la tele, que las manifestaciones estarán por donde ella trabaja, todo el día.
Inmediatamente después de su pensamiento, siente una tirantez en el pómulo izquierdo. Ve como nace un rictus que afecta el ojo. No le da importancia y sigue con la rutina. Cepilla su pelo, ese momento de la mañana es el que más la ayuda a relajarse. Una, dos, incontables las pasadas, ayudan para que se haga dócil. Termina y se va a la cocina. Recoge el diario y se hace un café con leche, unas tostadas y se sienta. Ve la hora, tiene tiempo de dar una mirada a los titulares.
En el primer intento se encuentra con la información y le pasa lo de siempre. La línea del rostro avanza hasta la boca. Dobla el diario y se lo deja a su marido para cuando él desayune. Se va a vestir. Busca buenos colores que la ayuden sentirse mejor. Elige verde. Ya lista para salir, ve que llueve. Busca el paraguas y sale. Todavía no ha amanecido, pero a ella le gusta el fresco de esa hora. Llega a la calle Corrientes y encuentre un kiosco abierto. Compra chicles para que le den cambio. Pero no tiene suerte. Hay un cartel que dice, -no hay cambio, lo siento -. Busca otro lugar, ya se le está haciendo tarde, corre, tropieza y cae. Un pozo en la vereda, la última trampa de esa mañana. Una lágrima rebelde asoma, y comienza su propio combate. Ella recuerda que se había prometido no engancharse con la  selva que llega ya, hasta la puerta de su departamento. Se imagina otra vez, como todos los días, que las gruesas y salvajes ramas, han convertido el pasillo de acceso, en un lugar extraño. Son las seis y treinta de la mañana.    
toda infidelidad comienza
con la trizadura
que nos hace ser
como no queremos

el cuerpo se compromete
la opacidad
 las manos crispadas
 no puede hablar con ellas
tampoco con los ojos

una línea cruza el rostro
 de lado a lado

 no recuerda cómo quiere ser

cuento de:       Moni Indiveri de Vega



sábado, 1 de febrero de 2014

la entrega



quiero entregar lo recibido
en cada gesto soltar

caminar hasta que los pies se lastimen
en busca de los prados prometidos

estar inmóvil
en su presencia 

que asome Él
en el fondo verde
de mis pupilas      
dormir entre pétalos
recién desprendidos

su dulce voz
por todas partes

en la cosecha a la que me invita

composición digital de:      José Vega
texto de:          Moni Indiveri de Vega

el grito se estrangula

























sólo somos una hoja que deambula
una cara sonriente que esconde
una levedad que se adentra

la parálisis
la mudez
no dejan asomarse

el grito se estrangula
salpicado y pegajoso
no permite arrancar el barro

escarbamos con las uñas y los dientes
que se hacen melodía

la mano abierta acaricia el error
una tibieza roza

bifurcado el camino


 composición digital de:  José Vega
texto del libro "Navegar la orilla" de:   Moni Indiveri de Vega