viernes, 30 de mayo de 2014


Presentación de libro    "La Noche Anoréxica 


 Por Beatriz Schaefer Peña  
20 de setiembre de 2007

                               La noche anoréxica        
                        de Moni Indiveri de Vega

Empecemos por la noche que, seguramente, nos remite a la imagen de la no visión, es decir a la perfección de lo absoluto, sin principio, sin fin, sin ningún indicio que indique algún destino, algún punto de confluencia.

Sigamos con la anorexia: esa enfermedad tan actual y que obliga a la renuncia, al despojamiento total de toda fuente de vida, con el riesgo que ello implica.

Así, desde el título “LA NOCHE ANORÉXICA”, Moni Indiveri de Vega nos induce a su mundo anterior que nos revela en cuatro capítulos, que no son más que los de su propio acontecer, desde un lenguaje depurado, donde confluye, en imágenes y metáforas, ese devenir humano siempre acompañado de riesgos, búsquedas y sueños, muchas veces incumplidos, pero muchas veces, también, alumbrados con esa pequeña y sostenida luz de la esperanza: es el amanecer el que viene a sentarse a mi lado” nos dice la autora desde el inicio de ese Primer Capítulo que ha titulado “Tempus Fugit”, como un mensaje que anticipa la espera por aquello que vemos llegar con la carga de la plenitud después de haber dejado la miradya que se detuvo, una y otra vez, en el ayer.

En el Segundo Capítulo: “Ubi sunt”: el tono de torna más profundo, más cargado de dudas y sublimaciones, más existencial :”¿dónde se borra la senda/ para conocer?/¿cómo se logra?/ la vacuidad no conforma/ ni interroga la razón de la existencia.” nos expresa la poeta, quien, después, enmascarada desde la tercera persona, dice:”la niña grita la vida/ el color se extiende/ en el asombro/ cuerpo trémulo en el frío…” remitiéndonos al recuerdo de antiguas vivencias en donde convergen, las tentaciones, las dudas y también la pregunta por el sentido de la propia vida, siempre en esa oscilación que bordea el peligro y que no es otra que la muerte.

Sabemos que la poesía se nutre de videncias, de asombros, de indagaciones o, quizás, como lo proponía Platón, de antiguo recuerdos del alma. Moni Indiveri no se expresa desde un lenguaje límpido, despojado de artificiosidades y pretensiones, todo aquello que la conmueve y la detiene en la búsqueda de su propio devenir, en esa pregunta que una u otra vez se formula y cuya respuesta, ella la presiente, solamente le será revelada al trasponer el último dintel.

En el Tercer Capítulo: Carpe Diem”, nos encontramos con la aproximación del otro y las vivencias compartidas que aparecen en las metáforas y el color de las imágenes como cuando nos dice, desde este breve y bellísimo poema, que no puedo dejar de transcribir:”la rodaja de melón sobre la mesa circunscribe el rectángulo/ embriaga su perfume/ otra frutilla/entre los dientes/ el jugo resbala su color/ ser dos es el banquete”  y entonces, nos aventuramos con ella en ese mundo en donde dos caminos se tornan uno solo y, desde la visión del poeta, comprendemos que todavía el amor lo sobrepasa todo y aquella rispidez de antaño deja de serlo para convertirse en ”un profundo valle verde y húmedo donde el alma dormida  habita su palacio”. Alma que, finalmente, logra alejarse , una y otra vez, de lo que la retiene asida a la tierra para permitirle perderse en la espiral y asomar en el brillo, en la rugiente infinitud del mar, en su horizonte de agua que esconde el otro azul: el lejano, el verdadero y al que la autora aspira habitar y que tal vez no sea más que la Poesía en sí. Escuchémosla decir:”el horizonte es apenas una línea que sostiene (la tarde que se fuma)” . La tarde, esa estación de la vida que apura su transitar, le concede, sin embargo, el misterioso espacio del asombro y entonces ella quiere ser como una ballena para mirar el mar desde el fondo, con su apariencia de cristal.

A lo largo de todo el poemario, leyéndolo y releyéndolo, he sido testigo y también protagonista de sus revelaciones. Y digo protagonista porque Moni Indiveri ha logrado, desde sus poemas, provocar esa conmoción en el ánimo que solamente es posible cuando la palabra trascendida logra remontarse en vuelo hacia el único centro posible: la poesía verdadera. Este es un libro que guarda una emoción contenida, un libro escrito con naturalidad y fuera de los artificios de la moda, como diría Jorge Calvetti, porque en la verdadera poesía debe prevalecer la claridad y la poesía que no se comprende, no es poesía “como una verdad que al no tener posibilidad de comprensión, deja de serlo”.

En el Cuarto y último capítulo titulado “Te Laudamus” aparece con más énfasis, la celebración del paisaje recuperado: es una metáfora de la vida después de haber sorteado difíciles tramos de existencia. Desde un lenguaje diáfanoy al mismo tiempo profundo, nos dice:” portadora del olivo/ un lugar en el arca/ bebe el manantial de la memoria”.

Las reflexiones asumen diferentes caracteres a lo largo de estos cuatro capítulos que he citado y en donde las situaciones externas se conjugan con íntimas vivencias, logrando el hecho estético de una creación singular, sin duda, pero siempre expresada con un cuidadoso y depurado lenguaje poético que aúna lo inédito, por decirlo de alguna manera  refiriéndome al título del libro, con la ineludible musicalidad a la que este lenguaje obliga, todo ello acompañado de bellísimas imágenes que, por momentos se tornan esplendentes.

Retrocedo a los primeros capítulos donde, nuestra poeta, se nos muestra sostenida, algunas veces, por esa fuerza de la roca que resiste la embestida feroz con que se ensaña el destino y sin embargo, ella se empeña en construir sobre ese cimiento; tal vez, por eso mismo no se le opaca la mirada, por el contrario, se vuelve transparencia que revierte en ese brillo que la eleva “en chispas que encienden el aire” y es cuando nos dice: “quiero atrapar el aroma que se fue para alimentar las rosas” y entonces comprendemos que en este decir, poblado siempre de naturalidad, reitero, la poeta descubre su propia memoria para transformarla en un luminoso inventario.

Pero más allá de estas consideraciones subjetivas que hacen a la esencialidad de la obra , es necesario detenerse, también, en la estructura de los poemas, en las cinceladas palabras, en la armonía del fraseo donde predominan los heptasílabos y los alejandrinos, casi siempre encubiertos pero que, sin embargo, se tornan audibles al oído atento. Cito algunos versos sueltos , elegidos al azar: “La tierra suelta polvo que el viento arremolina”, “El dintel de madera,  el verde de las hojas”, Un reflejo dorado oblicuo en el paisaje”; “como un golpe en la puerta, permaneció sellada”.

La magia de la Poesía consiste, precisamente y como alguna vez se dijo, en recrearla realidad estética “semejante y a la vez distinta de toda otra realidad”. Moni Indiveri ha logrado, desde un estilo absolutamente personal, acercarnos a su propio mundo donde cada símbolo, cada señal, nos va conduciendo hacia el final en donde la cercanía de Dios, no enunciada pero si percibida, nos indica que “dejando a las espaldas el acantilado” del dolor, de los errores, de las muertes cotidianas, seguramente “el suave rumor del oleaje” nos conducirá al sitio destinado para finalmente detenernos y escuchar “el canto de la alondra, su alegría” .- Celebremos entonces  esta “Noche Anoréxica” que, desde su despojamiento, ha logrado acercarnos a la promesa del amanecer y que, en este caso, no es otro más que la Poesía verdadera.-


Beatriz  Schaefer Peña, Buenos Aires, Septiembre 2007 


                                             
                                            Moni Indiveri de Vega


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