jueves, 19 de diciembre de 2013

       

              Cierro con esta obra de mi marido: José Antonio Vega, la transcripción de algunos poemas de cada uno de los tres capítulos que componen el libro LO/CURA.

               Agrego algo de lo que siento con respecto a la temática elegida para el libro. Poetizar la realidad que vivimos, es este universo deformado a nuestros deseos, más allá de la Verdad Absoluta, que lo pensó.


             En un juego ignominioso, el hombre no deja a Dios ser Dios.
              Se deifica y se crea divinidades a su medida.
              La armonía pierde su belleza y se mimetizan, en oscuro, los colores de la existencia.
              La falta de luz no deja leer los signos de los tiempos. Sin embargo, su condición no le permite evadirse de su verdadera identidad.

             Un sentimiento lo perturba y lo inclina sobre sí mismo.
             En un juego ignominioso, el hombre no deja a Dios ser Dios.
              Se deifica y se crea divinidades a su medida.
              La armonía pierde su belleza y se mimetizan, en oscuro, los colores de la existencia.
              La falta de luz no deja leer los signos de los tiempos. Sin embargo, su condición no le permite evadirse de su verdadera identidad.
             Un sentimiento lo perturba y lo inclina sobre sí mismo.
           Esconde su frente sin ser bendecida y no abre la escucha a eso que modula. Pensamientos no lúdicos, sino fortalecedores de la luz que emana, desde aurículas y ventrículos para hacer correr por toda su humanidad el oxígeno que puede dar verdadera vida, no sólo al cuerpo. Apetencias no reconocidas quedan hambrientas y se van desnutriendo. No puede identificarse con lo que no posee. Un camino duro y lleno de escollos lo espera. Sin capacidades para resolver, acorde a los tiempos en los que le toca pisar la faz del planeta, deambula desorientado. Manantiales del agua “que sí calma la sed” no son descubiertos por capacidades dormidas.

Busca sin saber qué.
Desprecia sin darse cuenta.
Se interna en espesas brumas, difíciles de atravesar.
Un cansancio sin nombre paraliza su potencial.

Múltiples máscaras desorientan su verdadero yo. No alcanza a conocer su misión, ni el lugar que tiene en el maravilloso tapiz de la obra creadora. Un coeficiente de desatino amenaza su cordura y comienza la lucha interna que carcome al ideal. Se le hace cada vez más difícil poder optar con verdadera libertad. Aún así, un poco de todo eso puede llevar a algo bueno.

A veces el mal puede ser la puerta del bien.

 Hablaré de la locura en lenguaje poético, buscando definir la misma como perturbación del espíritu, como enfermedad del cuerpo o de la mente, del estado de plenitud al que lleva el amor humano en todas sus expresiones y además, como el rapto de iluminación en el proceso de enamoramiento del Amado. En ese caso parecer estar loco es el secreto de los sabios. Es allí donde la creatividad se alimenta y saca para afuera lo que sólo él puede dar. Y sacrifica todo para adquirir la sabiduría.

Según el Evangelio, la sabiduría de los hombres es locura a los ojos de Dios. La sabiduría de Dios es locura a los ojos de los hombres.


           Esconde su frente sin ser bendecida y no abre la escucha a eso que modula. Pensamientos no lúdicos, sino fortalecedores de la luz que emana, desde aurículas y ventrículos para hacer correr por toda su humanidad el oxígeno que puede dar verdadera vida, no sólo al cuerpo. Apetencias no reconocidas quedan hambrientas y se van desnutriendo. No puede identificarse con lo que no posee. Un camino duro y lleno de escollos lo espera. Sin capacidades para resolver, acorde a los tiempos en los que le toca pisar la faz del planeta, deambula desorientado. Manantiales del agua “que sí calma la sed” no son descubiertos por capacidades dormidas.

Busca sin saber qué.
Desprecia sin darse cuenta.
Se interna en espesas brumas, difíciles de atravesar.
Un cansancio sin nombre paraliza su potencial.

Múltiples máscaras desorientan su verdadero yo. No alcanza a conocer su misión, ni el lugar que tiene en el maravilloso tapiz de la obra creadora. Un coeficiente de desatino amenaza su cordura y comienza la lucha interna que carcome al ideal. Se le hace cada vez más difícil poder optar con verdadera libertad. Aún así, un poco de todo eso puede llevar a algo bueno.

A veces el mal puede ser la puerta del bien.

Habremos de hablar de locura en lenguaje poético, buscando definir la misma como perturbación del espíritu, como enfermedad del cuerpo o de la mente, del estado de plenitud al que lleva el amor humano en todas sus expresiones y además, como el rapto de iluminación en el proceso de enamoramiento del Amado. En ese caso parecer estar loco es el secreto de los sabios. Es allí donde la creatividad se alimenta y saca para afuera lo que sólo él puede dar. Y sacrifica todo para adquirir la sabiduría.



Según el Evangelio, la sabiduría de los hombres es locura a los ojos de Dios. La sabiduría de Dios es locura a los ojos de los hombres.  

Moni Indiveri de Vega

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