viernes, 2 de septiembre de 2016

AMANECER



          Nada puede compararse al halo misterioso que derrocho la bruma del amanecer.
         El esfuerzo realizado para despertarse se veía compensado por el espectáculo de ese cielo que iba apagando lentamente las luces del amanecer.
         
         La pasión por inmovilizar en el recuerdo, momentos especiales, la había llevado a cambiar sus hábitos de vida.
         Toda expectativa había quedado superada, por la percepción que recogían sus sentidos.
         Esa sensación desconocida de no saber bien cuales eran las dimensiones ni las distancias emparejaba, de alguna manera, aquello tan rico en contrastes y diferencias.

         Sintió que ni siquiera debía moverse para no quebrar el encanto. Lentamente se deslizó hasta llegar a sentarse sobre el pasto, húmedo por el rocío.
         Pequeños escalofríos corrían por su cuerpo. Se acurrucó sobre sí misma, reduciéndose a la menor dimensión posible. Estuvo así hasta que el aleteo de los pájaros rompió el silencio. A medida que pasaban los minutos, se sumaban sonidos propios del amanecer.

         Comenzó a asomar el sol. El paisaje fue cambiando sus formas.
           Las distancias se volvieron más reales.
         Unos minutos más tarde comenzaron a lucir los distintos colores, con que la luz vestía lo que tocaba.

         La felicidad y el entusiasmo de haber captado esos momentos dejaron en su cuerpo el cosquilleo que producía la contemplación de lo que el hombre no puede hacer.



texto del libro VOCES DEL ALMA
de Moni Indiveri de Vega


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