sábado, 4 de enero de 2014

El Pez Muere Dorado


Moni Indiveri de Vega

PREFACIOS

                        
BH

Moni Vega, en su libro “El pez muere dorado”, -expresión estética de le ética del reconocernos tan humanos como en imagen y semejanza, expresión de lo divino-, nos propone, en poesía, un recorrido por el sentido de la vida.
Génesis, origen del que venimos para preguntarnos hacia dónde vamos, en la pausa de eternidades del presente donde habitamos.

Dice en su verso “…sentirme recubierta por el barro, cuando incliné
toda mi humanidad para reconocer de qué fui hecha

De la prosa de los días, entre la llegada y la partida, se encuentra en la profunda sabiduría de la autora, una sensibilidad que es tan terrenal como divina.
Está inspirada, como todo artista, por un D-s que nos habita, revelando en la letra que compone música sin melodía.
Así, puede ser escuchada sólo por quienes saben ver un cielo en un par de ojos, y alas en los brazos de los abrazos; con el que todos somos recibidos por quien es Padre, cuya misericordia será plena en la reunión en familia de sus hijos.

Escribe Moni, con profunda sensibilidad en lo mesiánico “…la humanidad en sus brazos, un estruendo la tierra…”

Así, su inspirada composición nos permite ver en la oscuridad, haciendo en su talento, de la noche, día; para abrir los ojos a lo nuevo, que revelado, reconocemos que ya estaba entre nosotros.

Escribe “ahora vemos a través de este vidrio oscuro”.

Y es allí, donde el titulo manifiesta su sentido.
El lenguaje críptico deja de ser cifrado y nos muestra el código
poético. Aquí, es donde “el pez muere dorado”, aportando, casi en su final, el oro de su principio; que no fenece, sino que aparece luminoso “aún en ascenso”; mientras, quienes lo observamos, vemos unir con su vuelo las aguas de abajo, donde tuvo vida, a las nuevas aguas, que están en el cielo como lluvia en gotas renacidas.

Moni Vega comparte en su arte la fórmula secreta de “la alquimia, el dorado trono, lluvia de ángeles, música nunca escuchada, donde ya no habrá noche, ni la mentira tendrá ningún rincón donde esconderse”, todo será verdad, la luz, la paz; y será la sal de la vida.

Belleza que aporta la poesía, cuando ya “en el principio” anticipa “la caída”; y anunciando un “exilio” del que retornaremos, haciendo en lo que somos “la humanidad”, que aún nos debemos. Reconociendo el “descenso” en el error de habernos equivocado, al alejarnos de la fuente de vida a la que retornaremos en el diálogo, oración que es encuentro. Así, nos elevamos en cuerpo y alma en un “ascenso”, inspirados por el sentido revelado del profundo significado; que,  ahora sabiendo: “el pez muere dorado”, comprendemos que la poesía no ha terminado, su lectura es sólo un comienzo.

Resurrección de la fórmula dorada, que olvidada en el barro de la tierra, recuperada en la conciencia -que es nuestro cielo-, nos permite descubrir, una vez más, en su ofrenda hecha poesía, que el misterio nunca ha muerto.

Rabino Sergio Bergman







Si algo ha de decirse antes de que la poesía (se) diga, parece mejor que tenga una tonalidad de eco, que sea un decir que se acompasa a un ritmo, se empareja a una cadencia, se dispone a un camino y comienza a dejar  de hablar para que los encuentros entre el pez que muere dorado y las navegaciones de muchas y de muchos sucedan.

            Las palabras, las frases y las tramas de este libro, pienso, tienen textura buscadora. No han quedado fijas al escribirse. Se siguen moviendo. Bailan e invitan a hacerlo. Sugieren. Exploran. Contagian a hacer esto y aquello.
            La poesía regresa a la casa de simbólicas judías y cristianas, como descubriendo que allí hay mucho espacio; que el Génesis y el Apocalipsis, y el Evangelista de la Palabra hecha carne no han hablado como quien ya ha dicho lo que tenía que decir, sino como quienes se saben habitados por un mensaje cuyo texto incluye a quienes quieran ser sus destinatarios. Las nuevas incursiones en el principio, el exilio, la humanidad, el descenso, el ascenso, la muerte dorada del pez se suman como estrofas al flujo de un inmenso caudal de expediciones inaugurales, insistentes, cuestionadoras o fascinadas a este territorio peregrino.

            La trama  poética desea silencio pero no callar, desvestirse pero no perder, desembarazarse de palabras pero no enmudecer. Nombra mujeres que le han dado nombre, con ese reconocimiento que sólo puede dar el dilatarlas con un verso que las prolonga. Nombra al que No tiene Nombre con un abanico de colores, testigos, experiencias, vínculos, plegarias, riesgos y apuestas.

            En el principio no sólo hay comienzos. También: Largos viajes. Esperanza de compañeras y compañeros. Huellas. Marchas inéditas inventadas en el mismo momento en que los caminos se transitan. Trayectorias que duran el tiempo que tardan en recorrerse pero que no por eso han dejado de crear. Inauguraciones a partir de casi cualquier “antes”. Y todos los senderos que con la poesía estarán en el trance de advenir. “Saldrá el arco en las nubes . . . Señal de la alianza que hago con todo lo que vive en la tierra” (Gn 9, 16-17)


                                                                                              Pbro Dr. Marcelo González
                                         



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