viernes, 6 de noviembre de 2015

PRÓLOGO



PUNTO CARDINAL

                Holograma de alguna inmensidad, la naturaleza habla, aún en el mayor de los silencios. Integra ese cosmos, y lo nombra. Como un eco. Como una manifestación de la grandeza. Un reflejo que sólo podemos percibir con nuestros sentidos, limitados y, aún así, vehiculares; e intuir con la mente (¿o el corazón?).
               
                Cada minúscula hoja, su mínima nervadura canta esa gloria que aparece, luego, repetida y portentosa, en glaciares y cordilleras, mares y llanuras. Caudales del silencio activo de la Creación.
               
                Inmerso en la maravilla, el hombre. Un holograma también. Acuático y poroso. De textura fina y exquisita vibración. Atronador, a veces. El único depredador de sí mismo y de la Obra. Y, sin embargo, capaz de cantar el origen y el misterio. De entrañar acciones, como hilos, enhebrando la historia de la humanidad.
               
                De la grandeza a la virtud. No hay renunciamiento en la naturaleza, y ansía el ser humano, al menos en su mayoría, también un espacio de luz.
               
                Desde algún Plan, que nos excede, la vida pulsa y es el punto, la mónada, el exquisito sostén de tanta Belleza.
               
                Durante siglos se ha buscado el grial. Se ha especulado con el espacio físico que lo oculta (¿o resguarda?). Desplazamientos concretos que, finalmente, sólo han servido para saber que cada insecto lo lleva en su interior, como la corteza del árbol, como la nieve.
                Todo minúsculo átomo es un grial. Como lo es sin dudas, nuestro corazón, siempre hambriento del pan más fresco y leve.
               
                Es por eso que el libro de Moni y José Vega me parecen portadores de sabiduría. Si entendemos por sabiduría la posibilidad de trasladar el prisma de la imagen y de la palabra a nuestro propio núcleo. Sin seguir una línea de lectura o de pensamiento determinada, sin preconceptos. Dejando, sólo, que hable por sí mismo y de la manera que cada uno pueda y desee escuchar.
               
                Sus páginas son, a mi juicio, un encuentro con la sacralidad. Y, en él, adentro y afuera se integran. Armónicamente. En una danza acogedora y llena de promesas. Es nuestro país ese marco de referencia, como podría serlo (por traslación), cualquier otro lugar en el mundo. Pero es nuestro país, repito. Y agradezco en la riqueza en la que he nacido.
               
                Que ahora el territorio argentino sea, entonces, la inmanencia que nos permita acceder al punto trascendente del misterio. Que cada verso y cada imagen nos acerquen la copa para que el hambre se sacie en la Belleza. Que es como decir Virtud. "Kalós kai aghatos" (1) decían los griegos en su plena inteligencia. Una ensoñación en la que el espíritu crece y se alimenta, podríamos decir ahora.

                                                                                                            
                                           Ana Guillot


(1) "Belleza y virtud"






Prólogo del libro Punto Cardinal 
por la poeta Ana Guillot


Cardinal Point

Hologram of some immensity, the nature speaks, even in the biggest silence. She integrates that cosmos, and names it. Like an echo. Like an expression of the magnificence. A reflection we can only perceive through our limited, but even though vehicular, senses; and perceive intuitively through the mind (¿or the heart?)

Every tiny leaf, its minimal nervation sings the glory that appears, later, repeated and portentous, in glaciers and cordilleras, seas and prairies.
Flows of the active silence of Creation.

Immersed in the wonder, the man. Also an hologram. Aquatic and porous. Of fine texture and exquisite vibration. Thunderous, sometimes. The only depredator of himself and the Masterpiece. And, even though, capable to sing the origin and the mystery. To carry within him actions, like threads, stringing human history.

From greatness to virtue. There is no renunciation in nature, and also the human beings, at least the most part of them, yearn for a space of light.

From some Plan, that exceeds us, life pulses, being the point, the monad, the exquisite support of so much Beauty.

The Holy Grail has been searched for centuries. There has been speculations about the physical space that hides it (¿or protects it?). Concrete displacements that have finally served to know that every insect takes it inside, like the bark of the tree, like the snow.

Every tiny atom is a grail. Surely like our heart is, always hungry of the freshest and lightest bread.

That´s why I believe that Moni and Jose´s book carries wisdom. If we understand by wisdom the possibility of transferring the prism of images and words into our own core. Without following a certain stream of words or thoughts, without any pre-concepts. Just letting the book speak for itself and listening to it, the way each one is able to do it.

In my opinion, its pages are a meeting with sacredness, where the inside and the outside get integrated. In harmony. In a friendly dance, full of promises. Our country is the frame of reference, as it could be (through transference) any other place in the world. But it is our country, I say it again. And I thank the richness in which I was born.

Let the argentine territory be that immanence, that allows us to reach the transcendent point of the mystery. That each verse and each image brings the chalice nearer to satiate the hunger with Beauty. It is like saying Virtue.
“Kalos kai aghatos” [1] used to say the Greeks in their plenty of intelligence. Today we could say: an enchantment, in which the spirit grows and nourishes.



Ana Guillot



[1] “ Beauty and Virtue”

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